Los Wittgenstein. Una familia especial.

Ludwig Wittgenstein fue un genio indiscutible del siglo XX. Nació en Viena en 1889, en el seno de una de las familias más ricas del imperio austro-húngaro, y pasó gran parte de su vida en Inglaterra, donde murió en 1951. Sus obras más importantes, el Tractatus Logico-Philosophicus y las Investigaciones Filosóficas, revolucionaron la filosofía, dándole una dimensión nueva al lenguaje. Personaje peculiar, con un carácter impredecible, apasionado, depresivo, irascible y obsesionado con el suicidio, no destacó solamente en el campo de la filosofía: dotado de un gran sentido artístico y musical, su genio le hizo brillar en matemáticas, aeronáutica, escultura y arquitectura. Es difícil encontrar alguien con un nivel tan elevado para tan diferentes inquietudes y profesiones, incluso llegó a convertirse en un héroe de guerra por su arrojo y valor casi suicidas durante la Primera Guerra Mundial, en la que combatió con el ejercito alemán. La apasionante biografía del más famoso de los Wittgenstein tiene su mejor autor en Ray Monk, que escribió “Ludwig Wittgenstein. The duty of genius” en 1990.

Pero la intención de este post no es profundizar en la vida y los peculiares rasgos de personalidad de Ludwig, sino repasar la saga familiar, una familia excepcional como pocas y con una carga psicopatológica tan florida como la brillantez de casi todos sus miembros.

Ludwig era el menor de ocho hermanos: Hermine, Hans, Kurt, Rudolf, Margarete, Helene, Paul y Ludwig. El abuelo, Hermann Wittgenstein, había renunciado a la religión y las tradiciones judías de su familia de origen para integrarse en la sociedad alemana y austro-húngara. Fue un activo comerciante de lanas que hizo fortuna y se caso con la hija de una familia judía de Viena, igualmente rica y también convertida al protestantismo. Hermann y Fanny, que así se llamaba la esposa, formaron una numerosa familia con once hijos. Uno de ellos, Karl, sería el padre de Ludwig.

La familia de Fanny, además de adinerada, tenía estrechas relaciones con el mundo del arte y la cultura. Eran famosos en Viena por su afición al coleccionismo de obras de arte y por ejercer el mecenazgo con diversos artistas. Un primo de Fanny, Joseph Joachim, era un famoso concertista de violín. A través de él trabaron amistad con Johannes Brahms, que fue profesor de música de las hijas del matrimonio (nada menos que ocho) y asiduo a las veladas musicales en la residencia de los Wittgenstein.

De los once hijos de Hermann y Fanny, Karl se diferenció muy pronto de sus hermanos tanto por su rebeldía como por su capacidad intelectual y artística. Intentó escaparse de casa cuando solo tenía once años y a los diecisiete le expulsaron del colegio por negarse a aceptar convenciones religiosas. Quería estudiar ingeniería pero el padre, Hermann, no lo aceptaba y le obligaba a incorporarse a los negocios familiares. Poco después el joven Karl consiguió escapar de verdad. La aventura que siguió es una muestra de la fortaleza y capacidad de su carácter: sin dinero y con la única compañía de su violín consiguió llegar a los Estados Unidos, donde sobrevivió trabajando de camarero, músico de café, profesor de violín y de trompa y dando clases de matemáticas y de alemán. Cuando regresó a Viena Hermann tuvo que doblegarse ante la voluntad de su hijo y le permitió iniciar los estudios de ingeniería. Cuando los acabó, Karl trabajó en una compañía de fabricación de ferrocarriles con un éxito desbordante, pues en apenas cinco años era director de la firma y diez años después convirtió la empresa en la más importante de la industria del acero de todo el país. A finales del siglo XIX Karl Wittgenstein era el hombre más rico del imperio austro-húngaro. Antes de acabar el siglo abandonó todos sus cargos empresariales y se dedicó al mecenazgo de las artes. Su fortuna, que supo invertir sabiamente, ha permitido vivir con holgura a sus descendientes durante más de un siglo.

Karl fue el único de los hijos de Hermann que contravino su orden de no casarse con judíos, aunque fueran conversos. La mujer con la que se casó al inicio de su vertiginosa carrera empresarial, Leopoldine, pertenecía a una familia judía que, al igual que los Wittgenstein, habían renegado de su religión y abrazado el cristianismo. Poldy, que así la llamaban, era una mujer con un talento musical fuera de lo común y gracias a ella el palacio de los Wittgenstein se convirtió en un centro musical al que acudían regularmente Johannes Brahms, Gustav Mahler y Bruno Walter. Mientras, Karl Wittgenstein, no exento tampoco de sentido artístico y musical, se dedicaba junto con su hija Hermine, que era una pintora reconocida, al coleccionismo de obras de arte, entre ellas pinturas de Klimt, Egon Schiele y Kokoscha y esculturas de Rodin. Cuando Margarete se casó, Gustav Klimt se encargó de pintar su retrato de boda.

Karl Wittgenstein decidió educar a sus hijos varones lejos de la enseñanza de las escuelas para que, con una formación privada, se curtieran en las dificultades del mundo de la industria y los negocios. El mayor de los varones, Hans, era un prodigio musical. Todos los miembros de la familia estaban dotados excepcionalmente para la música, pero Hans tenía las características de un genio mozartiano. Era un niño cuando ya dominaba el piano y el violín y con cuatro años llegó a componer melodías. La música lo era todo para Hans, que lógicamente quería dedicarse a su vocación, pero su padre, Karl, hizo con su hijo lo mismo que había hecho su padre con él: obligarle a trabajar en la industria familiar abandonando su vocación y sus deseos. Entonces Hans imitó a su padre y se escapó a América para poder dedicarse con libertad a la música y ganarse así la vida. Pero no tenía la fortaleza y la personalidad de Karl. Ante las dificultades con las que se topó en un país extraño no pudo salir adelante como había esperado y, en 1902, se suicidó en el mar. La familia no lo supo hasta un año después.

El tercero de los varones, Rudolf, vivió una experiencia similar a la de su hermano mayor. Obligado por el padre a dedicarse a la industria del acero cuando su vocación era el teatro, marchó a Berlín para formarse como actor. Un día, Rudolf entró en un pub y pidió dos bebidas. Le dio una al pianista para que tocase su canción preferida y en la otra puso cianuro antes de bebérsela, muriendo poco después. Esto ocurría cuando apenas habían pasado dos años desde el suicidio de Hans.Por las notas que dejó Rudolf, podría pensarse que su homosexualidad no asumida sería el motivo principal de su suicidio. Escribió en ellas, textualmente, que lo hacía porque tenía dudas acerca de su “pervertida inclinación”.

El segundo de los varones, Kurt, era el menos dotado para las artes, por lo que él sí se avino a los deseos del padre y se dedicó a la empresa familiar. Llegó a ser el director de la compañía cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Kurt se alistó como oficial y participó en ella igual que lo hicieron sus hermanos menores, Paul y el propio Ludwig, que ya hemos visto que llegó a ser reconocido como héroe. Estaba acabando la guerra cuando el regimiento que mandaba Kurt se vio envuelto en una situación confusa. Sus órdenes no fueron obedecidas por la tropa y Kurt, impotente para solucionar el conflicto, optó por dispararse un tiro en la cabeza.

En poco más de diez años, los tres varones mayores se habían suicidado. Esta tragedia familiar hizo cambiar las ideas de Karl acerca de la educación de los menores, Paul y Ludwig, que no tuvieron la presión atenazante del padre y pudieron ser más libres para encauzar sus vidas.

Ya hemos visto que el nivel musical de la familia era extraordinariamente alto. Paul, el hermano anterior a Ludwig, no fue una excepción. Se convirtió en un afamado concertista de piano que actuaba tanto en Viena como en otras ciudades del imperio austro-húngaro y de Alemania. Como sus hermanos Kurt y Ludwig, combatió durante la Primera Guerra Mundial. No acabó en tragedia como le sucediera a Kurt, pero no salió ileso como su hermano menor, Ludwig: Paul perdió el brazo derecho en el frente y fue hecho prisionero en un campo de concentración ruso. Allí, con una determinación inquebrantable, practicaba sobre teclados dibujados en madera o en papel para poder tocar con una sola mano, la izquierda. Consiguió su propósito, y al acabar la contienda prosiguió su carrera de concertista con un éxito sorprendente en todo el mundo. Años más tarde, Maurice Ravel compuso para él el famoso Concierto para la mano izquierda. Pese a su éxito mundial, las mayores críticas a sus interpretaciones provenían nada menos que de su madre, Poldy, que le consideraba un tanto extravagante y prefería las interpretaciones de su hija Helene, pianista reconocida igualmente y con un estilo sobrio y clásico, más del gusto de la madre.

Margarete era la intelectual de la familia. Tanto lo era que, durante la infancia y adolescencia de Ludwig, ella tuvo más influencia en su formación cultural que cualquiera de sus profesores. Gretl, que así la llamaban en la familia, estaba al tanto de las vanguardias de las artes y de los últimos avances científicos. Fue una precoz defensora de las teorías de Freud, llegando a psicoanalizarse con él. Después se hicieron amigos y ella le ayudó a huir de la amenaza nazi.

La apasionante y trágica historia de esta familia tiene en el menor de los hermanos, Ludwig, su punto culminante. Su vida está repleta de experiencias vitales e intelectuales al más alto nivel, alternando pasión, lucidez, razonamiento y extravagancia. Todos estos atributos le convirtieron en un personaje de culto, aparte de ser el filósofo más importante de la primera mitad del siglo XX. Los pasajes más destacados de su biografía y de su peculiar personalidad podrían ser motivo para otro post.

La mejor bibliografía para conocer con mas profundidad y detalle la historia de los Wittgenstein se concentra en el libro ya citado de Ray Monk, Ludwig Wittgenstein. The Duty of Genius, y en The House of Wittgenstein, escrito por Alexander Waugh.

About Javier Ruiz

Psiquiatra

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