El síndrome de Capgras

Escrito el 20 de septiembre de 2009

Se trata de un trastorno muy poco frecuente en el que la persona que lo padece está convencida de que alguien, generalmente de su entorno, ha sido suplantado por un doble exacto. David Enoch, en su libro “Síndromes raros en psicopatología”, hace una descripción minuciosa de este curioso síndrome.

Capgras fue el primero en describirlo cuando, en 1923, presentó el caso de una mujer con trastorno delirante crónico que se quejaba de que varias personas habían sido sustituidas por dobles. Al año siguiente describió cómo una mujer con esquizofrenia, ingresada en un hospital, acusaba a sus padres cuando iban a visitarla de ser dobles que habían ocupado el lugar de los verdaderos.

Durante los años treinta se describieron más síndromes de este tipo. Casi todos tenían como protagonistas de la impostura a personas vinculadas emocionalmente al paciente, generalmente familiares. Pero también se describieron casos en los que lo suplantado no era una persona, sino un objeto con cierta carga emocional. Por ejemplo, el caso de una mujer de mediana edad con depresión psicótica que rechazaba las cartas que le enviaba su hija al hospital, ya que estaba segura de que eran cartas que había escrito otra persona. O el caso de una joven universitaria que, tras un brote psicótico, relató con detalle su experiencia delirante y lo que hizo con su reloj, que era un objeto significativo para ella: “Caminé hasta un río rodeado de arboles y me senté a fumar un cigarrillo. Tiré el paquete al agua y miré el reloj, y pensé que no era el mío, sino una copia exacta que había hecho la policía, así que lo tiré también al río”.

El síndrome de Capgras suele asociarse a otra patología, sobre todo esquizofrenia y trastornos delirantes en general, aunque también se presenta en personas con demencia, trastorno bipolar, epilepsia, traumatismos craneoencefálicos, tumores cerebrales e intoxicaciones. Cuando aparece suele dominar el cuadro clínico, y es muy característica la especificidad de la persona doblada: en los casados suele ser la pareja, y en los solteros uno de los padres o un hermano. El doble acostumbra a ser una persona importante para el enfermo y con elevado componente emocional.

El pronóstico es variable, y no necesariamente sigue el mismo curso que la enfermedad a la que esté asociado. Puede aparecer a cualquier edad y es más frecuente en mujeres. Aunque la incidencia es baja, cada vez se describen más casos.

La causa no se conoce, aunque es evidente que la predisposición  al delirio o la patología delirante activa están estrechamente unidas a la aparición de este síndrome. La hipótesis que manejan los investigadores en neurociencias es muy sugerente, como vamos a ver.

Cuando vemos una cara y la reconocemos, somos conscientes de ello, pero no es sólo esto lo que ocurre en nuestro cerebro: además de reconocer conscientemente esa cara, nuestro sistema nervioso procesa una emoción ligada a la percepción de esa cara, de lo cual no somos tan conscientes, aunque seamos capaces de sentirlo. No somos insensibles a nuestro entorno, y al percibir a una persona determinada sentimos algo, que puede ser simpatía, antipatía, deseo, cariño, odio, etc., incluso indiferencia, pero esta indiferencia es también una sensación, aunque neutra, por lo que podemos decir que las percepciones de las personas y de los objetos “no vienen solas”, las acompaña una emoción, que puede ser de una intensidad muy alta o, por el contrario, muy baja o indiferente.

Cuando las imágenes visuales de una cara conocida llegan a nuestro cerebro, el reconocimiento se produce en el lóbulo temporal. Pero desde aquí, unos haces neuronales se dirigen al sistema límbico, que es el centro de las emociones, donde tiene lugar el “reconocimiento” emocional de esa cara. Y esta sensación es la que, inconscientemente, nos confirma que esa persona es la que es. Si se pierde la conexión entre el lóbulo temporal y el sistema límbico, reconoceremos una cara pero no sentiremos la emoción asociada a esa cara, con lo que no tendremos la confirmación necesaria para “sentir” esa cara como perteneciente a nuestro padre, o a nuestro hermano o a nuestra pareja.

Algunos pacientes son capaces de expresar con bastante claridad lo que les ocurre, es decir, que saben que esa persona es quien es, pero no pueden sentirla como tal.

About Javier Ruiz

Psiquiatra

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