La paradoja sexual

                                                                          Escrito el 9 de marzo de 2010

Susan Pinker es una psicóloga canadiense que ha publicado varios libros relacionados con su trabajo clínico, así como colaboraciones frecuentes en Globe and Mail. El libro cuya portada se ve a la izquierda me hubiera gustado haberlo escrito yo. No digo esto solo por su amenidad y rigor, con excelente traducción de Montserrat Asensio, sino porque mucho de lo que dice coincide con lo que he ido observando tras muchos años de actividad profesional. La autora describe algunos casos concretos, conocidos por ella, con lo que el libro gana en interés y amenidad, pero con el único objeto de ilustrar los datos científicos y estadísticos que aporta en todo momento y que son la esencia de la obra. Esta no sigue el camino marcado por lo políticamente correcto ni por ideas preestablecidas, lo cual no suele ser muy cómodo en estos tiempos en los que la ciencia y el empirismo se valoran menos que las categorías ideológicas preconcebidas.

Las diferencias entre sexos son evidentes desde el principio. Tan al principio que, las niñas nacidas prematuramente tienen más probabilidades de sobrevivir que los niños prematuros, y las niñas prematuras alcanzan un desarrollo madurativo normal antes que los niños en las mismas condiciones. A los dos años de edad, las niñas tienen unas habilidades lingüísticas, tanto en léxico como en formación de frases, muy por encima de las de los niños varones. Estas diferencias a favor del sexo femenino se mantienen durante la infancia y la adolescencia. Así, son mucho mas frecuentes los trastornos de lectura y escritura en los niños, y las niñas también les superan en cálculo durante todo el periodo escolar. Es evidente que el desarrollo de las habilidades lingüísticas, de la lecto-escritura, del cálculo, así como de las habilidades sociales en general, es más temprano y más completo en el sexo femenino, y también es evidente que estas diferencias poco o nada tienen que ver con las influencias socioculturales. De hecho, los estudios que avalan lo anterior se han realizado en varios países de los cinco continentes, con culturas y ambientes socio-políticos y religiosos diversos, sin que aparezcan diferencias significativas de un lugar a otro.

Pero hay más. Los niños varones, en general, son más inquietos, mantienen menos tiempo la atención, se concentran peor y obedecen menos. Todo esto empeora su rendimiento académico, ya de por sí inferior al de las niñas. El TDA, la tan famosa hiperactividad, tiene una presencia abrumadoramente mayoritaria en varones. Y la cosa no queda en el colegio, persiste en los estudios superiores. Desde que la afluencia de las mujeres a los estudios universitarios se generalizó en los países desarrollados, a partir de los años sesenta, las mujeres superan a los hombres en resultados académicos. Sin embargo, cuando se entra en el campo laboral, los hombres trabajan más horas, disponen de más puestos de responsabilidad y ganan más dinero que las mujeres. ¿Porqué? La respuesta que se desprende del libro de Susan Pinker está lejos de la que suele dar el feminismo oficial. Pero no adelantemos acontecimientos.

De lo comentado hasta ahora, podemos concluir que las chicas poseen más y mejores habilidades lingüísticas y sociales, son menos inquietas y rinden mejor académicamente; mientras que los chicos son más fuertes, agresivos, rápidos, y decididos a correr riesgos. Conforme van haciéndose mayores la tendencia es hacia una mayor igualdad entre los sexos, pero la curva de Gauss es diferente en hombres y mujeres: los hombres abundan más en los extremos, hay más hombres muy inteligentes y más hombres muy tontos; más hombres muy vagos y más hombres muy trabajadores, etc. Como dice Camila Paglia, no hay un Mozart femenino por la misma razón que no hay un Jack el destripador femenino.

Las mujeres, si pueden elegir, se decantan por estudios y profesiones que impliquen el contacto con personas, las relaciones sociales y la empatía. Por esto, suelen preferir profesiones como la medicina, enfermería, psicología, trabajo social, pedagogía, enseñanza etc. Y esto es independiente de las capacidades académicas, ya que, muchas mujeres con una formación excelente en física, matemáticas o ingeniería, con calificaciones superiores a sus compañeros varones, han decidido dejar estas profesiones para dedicarse a trabajos más relacionados con lo social. Allí donde la mujer puede escoger, escoge estas actividades. Los hombres suelen tener, como hemos visto, menos habilidades sociales y lingüísticas que las mujeres,  y sus intereses se dirigen más frecuentemente a estudios y profesiones centrados en cosas, en productos o en abstracciones, por ejemplo: informática, ingeniería, mecánica, física, ciencias puras, gestión, etc. Además, estos estudios y trabajos pueden ser realizados excelentemente por personas con problemas de habilidad social y de dislexia, los cuales, como ya hemos visto, abundan más en varones.

Más cosas: los intereses de los hombres y las mujeres. Estas no suelen conformarse con su trabajo, prefieren tener otras actividades, sea en lo social, lo familiar, el ocio, etc. Muchas mujeres deciden trabajar menos y por lo tanto ganar menos dinero para tener más tiempo para ellas, y esto es así independientemente de la maternidad: muchas mujeres sin hijos ni cargas familiares actúan de la misma manera, no quieren que el trabajo sea todo en su vida. Lo contrario lo encontramos en muchos hombres, que se centran en el trabajo y lo convierten en el fundamento de su vida, son más ambiciosos y competitivos y desean ganar más dinero, y esto también es independiente de que tengan una familia o vivan solteros y sin cargas familiares. Tienen menos interés en “realizarse” en otra actividad que no sea el trabajo.

Llegando a este punto, Susan Pinker critica al feminismo oficial por pretender que la mujer utilice la referencia masculina para llegar a una plena igualdad, como si el modelo masculino fuese el correcto en términos absolutos, como si la mujer no tuviera su propio modelo, más ajustado a sus habilidades y, sobre todo, a sus preferencias.

About Javier Ruiz

Psiquiatra

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