El síndrome de Otelo

Este es un trastorno que toma el nombre de la conocida obra de Shakespeare, Otelo, que mata a Desdémona poseído por unos celos enfermizos. El síndrome de Otelo es un delirio por el cual la persona que lo sufre está firmemente convencida de que su pareja le es infiel. Cuando aparece en su forma más pura, es decir, cuando el delirio es el único síntoma de enfermedad y la persona no tiene otras alteraciones sugerentes de otra patología, consideramos que el síndrome de Otelo es una forma de lo que se conoce como Trastorno Delirante. Si el delirio de celos forma parte de un trastorno más amplio, como por ejemplo una esquizofrenia u otra psicosis, el diagnóstico de síndrome de Otelo sería más dudoso y prevalecería el de la psicosis previa. Este proceso ha recibido otros nombres, siendo celotipia el más utilizado.

En la obra de Shakespeare, el personaje de Yago alimenta los celos de Otelo, unos celos que ya se atisbaban en la personalidad del protagonista y que no habrían aparecido solamente por la intervención de Yago, pues antes de  que desarrollara el delirio, Otelo había dado muestras de desconfianza y suspicacia.

La literatura nos da muchos ejemplos de esta enfermedad. Tolstoi escribió La sonata a Kreutzer, obra en la que el protagonista mata a su esposa. Esta novela describe con minuciosidad la violencia y la rabia que pueden generar los celos patológicos. Pozdnyshev, el protagonista, había sido un hombre enamoradizo y promiscuo hasta el momento de casarse. Entonces cambia su estilo de vida, evita las reuniones sociales y el ambiente mundano con tal de impedir cualquier contacto de su mujer con otros hombres, atormentado por la posibilidad de que su mujer le sea infiel. Cualquier detalle relacionado con otro hombre lo interpreta como una posibilidad real de infidelidad, hasta el punto de pensar que las exploraciones médicas esconden devaneos amorosos de su esposa con los médicos. El único hombre con el que ella tiene contacto, aparte de su esposo, es el profesor de música, y sobre esta relación se concentran los celos y el temor del marido. Este está convencido de que el primer movimiento de la sonata Kreutzer de Beethoven excita a su esposa, pese a que el profesor de música no es un hombre precisamente atractivo. Un día, al entrar en casa, encuentra a la mujer con el profesor. En ese momento no tiene ninguna duda de la infidelidad de ella y, pese a cualquier intento de razonamiento en contra de esta idea, la mata.

Clínicamente, es un trastorno que tiene como núcleo fundamental la infidelidad de la pareja, un delirio de infidelidad centrado en el aspecto sexual. Puede darse en ambos sexos, pero parece que la frecuencia es mayor en hombres. Aparece generalmente entre los cuarenta y los cincuenta años, sin antecedentes psiquiátricos de interés la mayoría de las veces, aunque si se analiza la historia previa pueden aparecer suspicacias, desconfianzas y celos que van aumentando durante años desde una relativa normalidad hasta el delirio. Es característico que en el síndrome de Otelo el enfermo esté realizando comprobaciones continuamente, con el objetivo de descubrir la infidelidad. Para ello se sirve de detalles sin importancia que considera pruebas definitivas. Así, un paciente puede estar convencido de que la ropa interior en determinado cajón ha sido colocada por el amante, o que el pequeño cambio de posición de un sillón es la evidencia de que allí ha estado sentado “el otro”, o que comentarios banales de terceras personas tienen un significado inequívoco y se  refieren a las actividades promiscuas de su esposa. Puede contar y recordar el número y orden de prendas en un armario para comprobar si han variado, lo cual sería una prueba de que alguien había entrado en la casa para mantener relaciones con su mujer. Puede buscar desesperadamente pelos o manchas en sábanas y ropa interior que delaten a los infieles, etc. Como vemos, la comprobación es continua, como una obsesión, y el paciente no se cansa de buscar todo tipo de detalles que le confirmen la infidelidad, aunque estos sean insostenibles y no resistan un análisis lógico. Curiosamente, “el otro” parece una sombra, el enfermo no nos da detalles de él, ni de su profesión, domicilio, familia, etc. En raros casos sí es una persona identificada, pero lo más frecuente es que sea como un fantasma al que no se le pone cara ni presencia. Esto es lo contrario de lo que ocurre en los celos normales, en los que saber quién es el rival y conocer detalles de su vida se convierte en una obsesión para el celoso. Otro aspecto curioso y paradójico en el síndrome de Otelo es que  suelen evitarse aquellas comprobaciones que supondrían sacar a la luz la infidelidad, es decir, coger con las manos en la masa a los amantes. Por ejemplo, un paciente puede decir que su mujer está con un hombre en una habitación de un hotel determinado, y está convencido de ello absolutamente. Pues bien, en lugar de acudir allí a descubrirlos, dará mil vueltas y argumentaciones para no ir donde “sabe” que están los amantes, desviando su interés a otra supuesta prueba irrefutable del engaño de la esposa.

Para complicar un poco más las cosas, el enfermo puede delirar, es decir, estar convencido de que la pareja es infiel, y al mismo tiempo esa pareja puede mantener una relación sexual real con otra persona. Efectivamente, no es incompatible una cosa con otra y tener un delirio de celos no le exime de que le engañen de verdad. Esta infidelidad real puede pasar desapercibida para el enfermo, ya que éste está pendiente solo de las comprobaciones que atañen a su delirio. Aunque la infidelidad fuera obvia, podría desviar la atención hacia las pruebas que le obsesionan, como si quisiera evitar el contacto con la realidad.

El delirio de celos domina la vida del enfermo, afectando a sus actividades laborales, sociales y personales, tendiendo al aislamiento. El humor se torna sombrío e irritable y las relaciones familiares, lógicamente, se deterioran considerablemente.

El delirante celotípico en general no quiere separarse. Al contrario, su deseo sexual suele estar aumentado. La pareja, como podemos imaginar, no solo no le corresponde sino que puede rechazarle por completo, lo que a su vez refuerza el convencimiento del celotípico en su delirio.

Es frecuente que exista una diferencia en los niveles sociales y culturales de la pareja. No es raro que el celoso tenga unas relaciones sociales más limitadas y una cualificación profesional inferior, lo que aumentaría la sensación de inseguridad y el temor de que la pareja establezca otras relaciones afectivas y sexuales. También puede ocurrir como en el caso de la Sonata a Kreutzer, en la que el protagonista ha sido promiscuo antes de casarse y entiende que todo hombre va a intentar hacer lo que él hacía de soltero, y que muchas mujeres se van a comportar como se comportaban con él en su juventud. La impotencia sexual es otro factor que puede desencadenar el delirio, especialmente en personas que abusan del alcohol, como veremos enseguida. Todas estas circunstancias y vivencias no son causa del síndrome de Otelo, sino factores que pueden potenciarlo o desencadenarlo.

La causa del delirio de celos puede ser un trastorno primario o bien uno secundario, como es el caso de los celos patológicos en el alcoholismo, una de las causas más comunes de celotipia. La incidencia del alcohol sobre el delirio de celos parece doble: por una parte, el abuso crónico de alcohol podría  desencadenar el delirio en personas predispuestas. Por otra parte, el consumo excesivo de alcohol provoca trastornos en el deseo sexual y en la función eréctil, lo que afecta al funcionamiento sexual del alcohólico y aumenta el temor y las ideas de que la pareja buscará otro hombre con mayor capacidad sexual. Además, es frecuente que la esposa de un alcohólico rechace el contacto sexual con éste, lo que es interpretado como señal inequívoca de que la mujer encuentra satisfacción con otros hombres y ya no precisa las atenciones sexuales del marido.

Otra sustancia que con frecuencia puede provocar celos característicos de síndrome de Otelo es la cocaína. Esta droga está asociada a la producción de ideas delirantes de tipo paranoide, y entre ellas están los celos patológicos. Recuerdo un caso especialmente ilustrativo: un paciente consumidor habitual de cocaína, sin antecedentes psiquiátricos ni trastornos de personalidad, disfrutaba de un viaje de placer con su nueva pareja. Estando hospedados en un hotel, escuchó ruidos de cañerías provenientes de otras habitaciones, señal inequívoca y certera, para él, de que eran mensajes que otros hombres enviaban a su mujer para quedar con ella. A mitad de noche cambiaron de hotel por este motivo. Al día siguiente, al despertar en un nuevo hotel, vio en una ventana del edificio de enfrente una prenda de color rojo, lo cual fue interpretado, sin ningún tipo de duda, como una nueva señal para citar y seducir a su esposa. Como se puede imaginar, el viaje de placer se convirtió en un infierno para ambos. Afortunadamente, al regresar, hizo un tratamiento tanto del abuso de cocaína como de los delirios celotípicos, resolviendo satisfactoriamente ambas patologías (y salvando el matrimonio).

 No conozco datos sobre la incidencia del síndrome de Otelo en crímenes domésticos. Aunque la mayoría de personas con esta patología no son violentas, es cierto que un porcentaje no despreciable puede cometer delitos y agresiones, fundamentalmente hacia la pareja y, en casos aislados, hacia el supuesto amante-rival. Es posible que en la llamada violencia doméstica abunde relativamente el síndrome de Otelo, pero no hay estudios que determinen la frecuencia del mismo en este contexto.

Bibliografía: Uncommon Psychiatric Syndromes. David Enouch. Editorial Hodder Arnold

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Psiquiatra

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